0 Replies Latest reply: Jul 6, 2018 1:38 AM by juanca lina

Abrid ojos

juanca lina

Me encuentro follando. Siento como las paredes de esa ardiente y estrecha vagina constriñen mi falo. Mientras me deslizo hacia delante y hacia atrás en su interior el placer se adueña de mi por completo. A partir de ahora todas mis acciones irán encaminadas a obtener el máximo posible. Cegado por él, incremento la potencia de mis arremetidas.

Debajo tengo  a la propietaria de esa cavidad gimiendo enloquecida, demandándome más, incapaz de controlar su cuerpo. Sus piernas se entrelazan en mi cintura, sus uñas dibujan  líneas de fuego en mi espalda y su boca se abre al máximo, profiriendo la mayor cantidad de ordinarieces que seríais capaces de imaginar. Dios, como me pone. Y lo mejor de todo es que ella lo sabe.

El momento de la verdad se acerca, el único instante que en realidad merece la pena ser vivido. Todo lo demás es superfluo, pues en definitiva fuimos creados para follar. Por suerte hemos conseguido liberarnos de la parte de perpetuar nuestra especie cada vez que lo hacemos, porque con tanta promiscuidad… a saber a quien pertenecerían nuestros vástagos.

Sí, después de más de 3 décadas al fin lo he comprendido, y por eso me he decidido a escribirte esta confesión, si así la quieres llamar, para contarte mi experiencia y abrirte los ojos. Yo también me creí la mierda esa del amor, de la pareja y de la confianza. Pero después de haber padecido varias relaciones (sí, he dicho padecido) y de haber sido traicionado por quien yo creía que me amaba, decidí tomar distancia. Así pude analizar qué narices había pasado. Y de esta manera conseguí evitar volver a estrellarme una y otra vez contra el mismo muro.

Para que logréis entenderme es preciso que olvidéis  todo aquello que nos han vendido y que nosotros hemos consumido como imbéciles: El amor no existe. Por vuestro bien, ésta es la principal lección con la que desearía que os quedaseis tras leer mi historia. Y si consigo que al menos a uno de vosotros le sirva todo lo que os voy a contar para evitar que le pase lo mismo que a mí, me daré por satisfecho.

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La chica que tengo debajo empieza a correrse por primera vez, mientras yo continúo arremetiendo con fuerza,. Me concentro en la respiración, controlando mi excitación para tratar de no venirme ya. La sensación de poder es embriagadora. Ahora mismo sé que haría cualquier cosa que le pidiera, y no bromeo, ya lo he probado en el pasado. De hecho, ¿imagináis dónde estamos ahora?

En el ascensor de su empresa, desnudos, con la ropa tirada a nuestro alrededor. Follando como si no hubiera un mañana, aprovechando la soledad del edificio a las once de la noche.

Ahora mismo todo mi ser está concentrado en mi miembro. Todo lo anterior a meterlo en caliente y todo lo que venga a continuación de retirarlo no es vivir. Solo durante estos escasos minutos nos acercamos a la verdadera comprensión. Y desengañaos, en el fondo ellas piensan lo mismo; aunque con sus palabras nos intenten contar otro cuento. Así que ignorad todos vuestros complejos y dejad de sentiros culpables por disfrutar sin ataduras. Tan solo hacedlo y dentro de poco entenderéis lo que trato de explicaros.

La única diferencia es que nosotros nos hemos creído todas las estupideces que nos han vendido: canciones de amor, películas de Hollywood, los programas de televisión e incluso las tonterías que nuestras familias nos contaban de pequeños.

Nada de eso es cierto. O mejor dicho, la parte negativa sí lo es, pero solo si permites que te arrastren a ese universo de romanticismo hipócrita.

Sed sinceros, ¿algo de eso os ha servido una sola vez para follar? ¿no, verdad?

Pues su juego es sencillo de entender: ellas en el fondo saben que todo eso es una auténtica gilipollez. Pero les resulta conveniente mantener esa mentira porque así nos tienen controlados apelando a nuestro instinto protector.

Marta, Cristina, Raquel, Carolina, Elizabeth, Arancha o Judith. Hoy solo son nombres. Chicas que en su momento lo fueron todo para mí. Pero pasados los años, con algo de cinismo me acabé planteando las preguntas clave: ¿Todo lo que vivimos juntos significó algo para ellas a parte del sexo? Y lo más importante, ¿me sirvió a mí para algo más?

Las respuestas son muy sencillas: no y sí.

Me sirvió para abrir de una vez los ojos y entenderlas. Y ahora soy yo quien tiene el control, siendo ellas mismas las que intentan seducirme en muchas ocasiones.

La razón es eterna, las emociones efímeras. Recordadlo antes de que os enreden en su juego.

Cambio de postura con la chica y pulso el botón de la última planta. Ahora la tengo a cuatro patas y mientras ascendemos a gran velocidad, taladro su sexo salvajemente. Azoto con fuerza su culo hasta que me arden las manos. Ella gime enloquecida, y me pide más, más, más… Y yo encantado se lo doy, sintiendo como mi excitación se dispara a medida que nos elevamos.

Agarro su oscura melena y tiro de ella hacia atrás, levantándola a pulso del suelo para poder morder con fuerza su cuello.. Paladeo el sabor salino del sudor en mi lengua. Mañana tendrá grabada mi dentadura en su piel y no le quedará más remedio que usar un pañuelo o mostrar a todo el mundo un indicativo de lo que ha estado haciendo esta noche. Ella ronronea, exponiéndose ante mí con su espalda apoyada sobre mi pecho, encantada por la multitud de sensaciones que recorren su cuerpo.

Sus caderas tratan de continuar el movimiento pues en estos momentos la profundidad de la penetración es máxima. Yo la detengo, agarrándola con fuerza por la cintura. Ella gime con pesar, intentando continuar la rotación; pero tras dos fuertes azotes le hago entender que aquí soy yo el único que lleva las riendas. La chica termina por darse por vencida dejándose caer sobre mí, suspirando frustrada, esperando con ansia a que le de permiso para continuar.

Esta pausa lejos de calmarnos incrementa nuestra necesidad de sentir, de disfrutar. La excitación crece hasta desbordarnos y nuestros cuerpos son incapaces de permanecer más tiempo quietos.

Ambos nos sentimos vivos, ambos deseamos más placer.

Placer… sí.

Sin ataduras, sin sentimientos.

Solo somos un coño y una polla, el resto durante esta gloriosa hora no nos importa ni al uno ni al otro.

Esta lección de vida tardé muchos años en en aprenderla; pero como todo, para poder avanzar hay que estar dispuesto a sufrir, y yo lo estuve.

Recuerdo como en aquellos tiempos me fascinaban los pequeños detalles. El que me abrazasen cuando veíamos una película de miedo, el escuchar sus grititos de frustración cuando algo no les salía como querían o el compartir juntos los días especiales. Que equivocado estaba. Que inocente era. Que joven e insensato. Cuanto me quedaba por aprender, cuanto por vivir.

Sí, lo reconozco, me entregué por completo a mis antiguas novias. El resultado fue el que cabía esperar. Con algunas la relación se fue extinguiendo poco a poco, desconociendo que el tren del amor se acercaba inexorable hacia la última parada. Con otras en cambio el proceso fue mucho más brusco y traumático.

No voy a entrar aquí a contar qué pasó en cada ocasión, no quiero darle una mayor importancia de la que tuvo. Lo único que te tendría que interesar es como terminó todo ese mundo de ilusión. Y en efecto, como imaginas lo hizo entre palabras de amor mientras por detrás disfrutaba en los brazos de otros tíos.

Volvemos a cambiar de posición. Ella se coloca ahora encima, con las manos apoyadas sobre mi pecho. Sus caderas trazan círculos sin cesar, empapándome con sus jugos. Yo noto el frío del suelo sobre mi espalda y gimo por el cambio de temperatura. Desde mi posición continúo atacando su sexo con mi extensión, profundizando cada vez más, levantándola varios centímetros en cada acometida,.

Sus ojos verde aguamarina acaban fijándose  en el espejo. Queda fascinada y no aparta la mirada ni un solo instante. Yo en cambio no puedo parar de mirar sus tetas morenas brillantes por el sudor votando en cada sentada. Me fascina su entrega total, su expresión de abandono. Somos simples pedazos de carne el uno para el otro, y eso está bien. Es lo único que necesitamos.

De su interior brota un verdadero manantial. Tengo toda la pelvis y barriga empapadas, e incluso a veces con el golpeteo constante de su culo sobre mi cadera sus flujos alcanzan a salpicarme el pecho.

El olor a sexo inunda la cabina. Me encanta saber que soy causante de él.

De nuevo siento como cabalga furiosa hacia un nuevo éxtasis. Grita enloquecida mi nombre, y yo trato de incrementar su placer retorciéndole los pezones. Ella se reclina hacia atrás, ofreciéndomelos gustosa. Yo los aprieto con fuerza, dándole lo que me pide mientras observo como mi ariete es engullido con voracidad por sus profundidades hasta que termina estallando.

Tras haberme enterado de la traición de mi ex no abrí los ojos como seguro que estás pensando. No, en realidad fue mucho más patético. Me sentía herido, y tuve que dejar pasar las semanas para poder recapacitar sobre todo lo ocurrido. Al menos en mi cabeza jamás estuvo la idea de olvidar.

Con el transcurso del tiempo seguía sin ver la luz al final del túnel. Tuvo que ser un amigo quien me sacara de mi letargo forzándome a reaccionar. En un viaje a la capital me obligó a salir de fiesta. Poco a poco fuimos recordando viejos tiempos, y entre caña y caña empezamos a disfrutar, sin preocuparnos de lo que podría ocurrir el día siguiente. A medida que avanzaba la noche fui reencontrándome a mí mismo, y en un momento dado conocimos a un grupo de chicas y empezamos a hablar con ellas.

Al final 3 se quedaron con nosotros, y acabamos enredados en una orgía renovadora. Chupé, mordí, y me follé cada uno de sus agujeros varias veces durante ese fin de semana. Al terminar me sentí libre por fin. No hubo preguntas, solo la promesa de repetir en el próximo viaje.

lo más importante de aquella experiencia fue la confirmación de los dichos: un clavo saca a otro clavo, y hay muchos peces en el mar. Así que decidme: ¿para qué seguir comiéndonos la cabeza si tenemos alternativas? Nosotros también podemos jugar usando sus reglas y liberarnos de su influencia. Hacedlo y descubriréis como un mundo de oportunidades se abre ante vosotros.

Tiempo después volví a hablar con mi ex; pero ya todo había cambiado y sus palabras ya no tenían efecto sobre mí. Con satisfacción descubrí que ni siquiera la odiaba. Me había liberado por completo de su influencia.

Ya no existían los malos recuerdos. Los había dejado atrás entre las piernas de aquellas chicas. Solo me acordaba de lo mucho que me ponía verla correrse y el volumen de su culo. A fin de cuentas, es lo único que merece la pena recordar de aquella relación. El resto ya se encargó ella misma de darle la importancia que tenía arrojándolo sin remordimientos por el inodoro.

Poco a poco siento como el orgasmo se aproxima. Me incorporo y pulso el botón de la primera planta. Apoyo a la tía contra el espejo de la pared, levantándola para continuar follándomela. Ella colabora elevando una pierna alrededor de mi cintura y cuando la tengo bien sujeta, sube la otra abrazándome con ambas. La penetración es total.

El ascensor inicia la caída. Yo respondo incrementando el ritmo, imaginando que con cada arremetida lucho contra la gravedad. Me pregunto si seré capaz de correrme justo cuando llegue la frenada y atravesarla por completo. Igual hasta consigo levitar de gusto. Menuda experiencia de iluminación sería. Gritaría: ¡Milagro! Y joder, ese sí que sería un milagro digno de ser vivido.

Sé que el final está cerca y acelero mirando el indicador de las plantas. Nuestros sexos tienen que estar echando humo por la fricción.

Ella nota mi urgencia. Trata de no quedarse atrás frotándose el clítoris con frenesí buscando el que será su último orgasmo. Yo me olvido de todo, de su necesidad, del escándalo que estamos montando, o de que el guarda de seguridad en la planta baja pueda descubrirnos; y solo soy consciente del indicador luminoso acercándose hacia el número uno y de lo poco que me falta para explotar.

Y por fin, cuando estamos llegando al segundo piso me acerco al borde del abismo. La envisto una y otra vez con todas mis fuerzas contra el espejo precipitándome desbocado hacia el banderazo final.

Las últimas estocadas me conducen al punto de no retorno, y sin querer controlarme me dejo llevar cuando al fin se ilumina en naranja el número uno. Muerdo su cuello otra vez, gruñendo por la excitación. Y en el mismo momento que inicio mi orgasmo, el ascensor frena en seco, dando un pequeño rebote. El éxtasis que me recorre es salvaje y doy rienda suelta a mi instinto primitivo. Me vacío por completo entre latigazos de placer en el preservativo. Ella exprime mi polla tratando de calmar de una vez el ardor que mi ariete le provoca. Y con escasos segundos de diferencia, termina por abandonarse entre alaridos de delirio al último de los orgasmos de la noche.

Todo mi cuerpo se estremece por la brutal experiencia. Ha sido uno de los mejores polvos de mi vida. Tendré que repetirlo.

Cuando por fin nos calmamos, la bajo con cuidado. Ella es incapaz de sostenerse en pie y quedamos abrazados por un instante. La siento temblar. Ha quedado exhausta y tengo que sujetarla.

Al cabo de unos segundos se aferra a mí con fuerza. Me confiesa lo especial que ha sido todo esto para ella y lo a gusto que se siente a mi lado. Trata de besarme tras susurrar un te quiero; pero no es capaz de alcanzarme la boca.

Entonces todo sentimiento positivo hacia ella desaparece y pienso con ironía: Ya empezamos otra vez. Poco a poco consigo desembarazarme de su abrazo . Me doy la vuelta y me retiro el preservativo. A continuación comienzo a recoger la ropa. Trato de esbozar una sonrisa consoladora pero apenas lo consigo. Que ganas tienen de joderlo todo siempre al final.

Ella llora. Sin duda son lágrimas de cocodrilo por no conseguir enredarme.

Yo permanezco en silencio. Es la única respuesta que puedo darle ahora mismo. Parece que no se da cuenta que después de haberme desahogado soy inmune a sus pataletas infantiles y a sus chantajes emocionales.

El momento es tenso; pero acaba por entender que no va a conseguir nada con esa actitud. Por fin reacciona y comienza a recoger su ropa. Tras vestirnos y recomponernos un poco, pulso el botón de la planta 0 y salimos del edificio despidiéndonos del guardia de seguridad. Llegamos a la calle y ella intenta decir algo más. Imagino por donde me va a salir así que me anticipo y me despido tratando de no mostrar mi desagrado. Sobran las palabras.

Mientras me alejo caminando escucho sus sollozos. Muevo la cabeza con contrariedad reflexionando para mí: Lo siento chica, ya no me creo vuestros cuentos de hadas y príncipes azules. Ya no creo en vosotras. En definitiva, ya es demasiado tarde para que intentéis hacerme creer en aquello del nosotros.

Es una pena porque me habría gustado volver a follármela. Pero yo no soy como ellas. Yo no hiero. Las cosas las dejo claras desde el principio. Si quieres jugar, perfecto. Pero si lo haces al menos ten la decencia de no intentar engañarme. Fuiste tú la que me garantizaste que solo sería sexo.

Sí. Ya no me creo vuestras palabras románticas y sé que en el fondo vosotras tampoco, Aunque intentéis hacernos pensar lo contrario con vuestros dramas y victimismos.

Y desde que he dejado de hacerlo follo siempre que quiero, muchas veces con más de una. Ahora que ha dejado de importarme lo que piensen de mí, es cuando más las atraigo. Dicen que es porque tengo algo vacío en mi interior que desean llenar; pero a mí eso me sigue sonando a cuento chino.

Porque un día amé con todo mi alma, y sé que estaba equivocado.